El ecosistema digital ha marcado la pauta en los últimos meses y las empresas no han sido la excepción. La facturación electrónica es la evolución de la factura tradicional y se ha convertido en la nueva forma de soportar las transacciones de venta de bienes o servicios, a través de procesos sistematizados y computacionales.
Según la Dian, los métodos de facturación electrónica se dividen en dos. El primero es la factura de venta y el segundo los documentos equivalentes.
Se estiman 700.000 usuarios al final de 2021, lo que equivale a un reporte de más de 20 millones de documentos Anderson Urrego

Eliana Hernández Bermúdez, contadora pública de H&Z, Asesores Contables, afirma que el principal beneficio de la facturación electrónica es la reducción de los costos en gastos de facturación, además “queda más organizada, con datos de terceros más exactos y el margen de error en digitalización de terceros es menor”. Adicionalmente, la reducción del impacto negativo en el medio ambiente al disminuir los niveles de consumo de papel también es una ventaja que ofrece valor competitivo a las empresas nacionales.
“Considero que las empresas y emprendedores que decidan facturar electrónicamente sin estar obligados, demuestran que van un paso adelante en su organización, ya que esto se convierte en un valor agregado para sus clientes, los cuales, en la mayoría de casos, exigen que sus aportes sean electrónicos”, aseguró Hernández.
Aplicar este método de facturación no es costoso ya que existe software de bajo costo y está el habilitado por la página de la Dian, el cual es gratuito. La experta afirma que hay proveedores que venden paquetes de facturas desde $70.000 por cada año y los costos pueden estar en cerca de $300.000 hasta los $600.000 incluyendo asesoría, software y facturación por un periodo de 12 meses.